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São Paulo, 25 de octubre de 2026

En lo que ya se define como la mayor hazaña política desde el retorno de la democracia en 1985, Luiz Inácio Lula da Silva volvió a romper los manuales de la política brasileña. El líder progresista de 81 años se consagró este domingo ganador de la segunda vuelta electoral, asegurando su continuidad en el Palacio del Planalto hasta 2031 en un escenario que, hasta hace pocas semanas, parecía totalmente adverso. 

El peso de los datos

Con una precisión quirúrgica, los cómputos oficiales confirmaron la victoria de Lula con el 51,74 % de los sufragios, dejando a Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), con un 48,26 %. Aunque los primeros tramos del escrutinio preliminar mostraron al candidato derechista al frente con una ventaja inicial —lo que desató la euforia contenida de sus seguidores en las redes sociales—, el avance del conteo en las regiones del nordeste y los grandes centros urbanos revirtió la tendencia de manera irreversible. 

Una remontada inédita

La victoria adquiere un tinte legendario por las circunstancias de la primera ronda. El pasado 4 de octubre, Flávio Bolsonaro había dado la sorpresa al imponerse con el 47 % de los apoyos, sacándole una diferencia de 2,2 millones de votos al actual mandatario. Nunca antes en la historia moderna de Brasil un candidato que había quedado en segundo lugar en la primera vuelta lograba dar vuelta el resultado en el balotaje. Lula no solo absorbió la diferencia, sino que terminó estirando su ventaja final a más de cuatro millones de sufragios sobre su rival. 

Un giro radical en la campaña

El punto de inflexión se gestó en las calles. Tras admitir una primera etapa de campaña "desorganizada", el comando del PT dio un volantazo estratégico. Lula multiplicó sus apariciones públicas, capitalizó medidas de alto impacto popular aprobadas en el Congreso —como el fin de la jornada laboral de 6x1 y el perdón de deudas a trabajadores autónomos— y polarizó con fuerza apelando al recuerdo de la gestión de Jair Bolsonaro. 

La contraofensiva vinculó directamente la propuesta económica de Flávio con los ajustes de la "motosierra" de Javier Milei en Argentina y alertó sobre los riesgos institucionales que conllevaba el ascenso del clan Bolsonaro, cuyo patriarca permanece en prisión domiciliaria por supuestos intentos golpistas en 2022. 

El horizonte de un país dividido

Mientras las principales avenidas de São Paulo y Río de Janeiro se tiñen de rojo y estallan en celebraciones multitudinarias, el panorama que se abre a partir del próximo 5 de enero —fecha en que asumirá formalmente su nuevo mandato— dista de ser un cheque en blanco. 

Lula gobernará el gigante sudamericano con un Congreso visiblemente escorado hacia la derecha, lo que lo obligará a tejer alianzas constantes más allá de su coalición tradicional. Por su parte, Flávio Bolsonaro perderá sus fueros parlamentarios en febrero y deberá enfrentar los estrados judiciales por complejas investigaciones de blanqueo de capitales.

Brasil votó bajo una tensión extrema, sepultando las proyecciones de paridad absoluta y eligiendo, una vez más, la experiencia del histórico líder metalúrgico para timonear el destino de la región.

Autor: admin