La interna zamorista se desborda en ciudad Capital mientras el “dedo” se hace esperar
La lista de aspirantes es tan extensa como variopinta. En una esquina aparece Humberto “Chicho” Santillán, quien desde la presidencia del Concejo Deliberante sostiene que su turno ha llegado por trayectoria y antigüedad. A su lado asoma Lelio Manzanarez, un dirigente sin capital electoral propio pero con un alineamiento irrestricto a la figura de Gerardo Zamora, convencido de que su lealtad será suficiente para ser el elegido.
Por otro lado, figuras como Francisco Bonacina y Gustavo Darchuk intentan forzar un posicionamiento mediante el uso de “influencers” y una tímida estrategia de redes sociales, deslizando incluso leves críticas a la gestión de Norma Fuentes para diferenciarse. En el pelotón también se anota Martín Díaz Achával, quien reincide en una aspiración que ya lo ha visto quedar al margen en múltiples oportunidades.
Si algo terminó de descolocar al tablero oficialista es la figura de José Luis Zavalía. El ex caudillo radical, otrora el némesis más férreo de Zamora, hoy se mueve como un ferviente converso al “zamorismo”.
Nadie olvida la icónica foto de 2019 tras su reunión con Cristina Fernández de Kirchner, una imagen que funcionó como su acta de bautismo en las filas del Frente Cívico. Hoy, el hombre que supo encarnar la oposición más dura camina por los pasillos oficiales con la soltura de un veterano de la casa, alimentando el desconcierto de la tropa propia.
Mientras los dirigentes se trenzan en una disputa por la foto y los egos colisionan en el terreno digital, el silencio de Gerardo Zamora alimenta la incertidumbre. En el ecosistema del Frente Cívico, cuando el líder no habla, la confusión reina.
Esta falta de orden jerárquico está gestando un clima de anarquía donde cada actor juega su propio partido, descuidando la gestión y, lo que es más crítico para el esquema de poder, exponiendo las grietas de un sistema que siempre se jactó de ser monolítico e inexpugnable.
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