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A nivel bíblico el burro es un animal de carga, servicio y humildad, a diferencia del caballo que representa la guerra. De niños nos ocultaron que fue el medio de locomoción del General San Martín un burro y no un caballo blanco y radiante. Es decir ¿quién puede estar en contra del burrito? Salvo de las burradas o algunos patas dura del fútbol (respetos al “burrrito ” Ortega), la verdad es que despierta empatía y el ponerse en lugar siempre de esa cara de circunstancia con la que a veces nos miró suelto en el viejo zoológico.

Sin embargo , ahora quieren que comamos burro ante la caída del consumo de la carne vacuna , por cierto un fenómeno creciente,  ante los bolsillos agujereados. La iniciativa parte de algunos productores del sur o del norte argentino , en los cuales se despliegan otras razones culturales.

C5N fue el medio que primero se indignó ante la noticia. Fuertes editoriales enlazaron la novedad con la crisis del consumo. En tanto, otros medios, aggiornaron la especie con miradas de perspectivas culturales y novedades dietarias.

La senadora de la LLA, Vilma Bedia (Jujuy) defendió en la Cámara Alta los bifecitos de burro como una alimentación sana y nutritiva. “El burro es rico en hierro y calcio, es espectacular, si todos comiéramos burros tendríamos una población sana. Para los europeos es un plato FINO”, dijo. 


El productor chubutense , Julio Cittadini, afirmó que ya llegó a carnicerías y busca posicionarse como alternativa frente a la crisis ovina.

La realidad es que la carne vacuna está en retroceso ya que es uno de los insumos básicos que más aumentó al ritmo de la inflación del 3,4% de marzo. A la vez, siempre fracasaron corrimientos de consumo en ítem cercanos de reemplazo de la carne vacuna, por ejemplo con que la gente compre pescado, cerdo o pollo por gusto personal.

Autor: admin