Mientras el Gobierno utiliza el caso Adorni, Paéz entre otros, cae estrepitosamente la actividad laboral y lo reduce a la total precariedad
El ajuste en el mercado laboral de los últimos años no se tradujo en una destrucción masiva de puestos de trabajo sino en un deterioro de las condiciones, con un avance de la informalidad y una reducción del salario real, de acuerdo con el análisis de la consultora Invecq.
Pero a pesar de la creencia generalizada de que ese deterioro se concentra en la proliferación de actividades ligadas a plataforma de transporte y delivery de comidas, también muestra un incremento de condiciones precarias en sectores tradicionales de la economía, como la industria, el comercio y la construcción.
"No estamos frente a una crisis de destrucción masiva de puestos de trabajo, sino que lo más preocupante es el deterioro en la calidad del empleo, con caída del empleo privado formal e incremento del trabajo informal", puntualizó la entidad presidida por Esteban Domecq, en base al reciente informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), que presentó un índice de desocupación del 7,5% para el cuarto trimestre de 2025.
Menos formales, más informales
Invecq remarcó que los datos oficiales dan cuenta de una caída de 118.000 puestos de trabajo desde el inicio de la Presidencia de Javier Milei, pero con cambios cualitativos en su composición.
Al respecto, precisó que "el empleo asalariado registrado del sector privado acumuló una reducción de 182.000 puestos, con caídas generalizadas en prácticamente todos los sectores, mientras que el empleo informal creció en 376.000 puestos".
"Esto amortiguó parcialmente el impacto sobre las cifras de desocupación, pero a la vez evidencia un proceso de sustitución hacia formas de trabajo más precarias y sin cobertura social", advirtió.
La dinámica de empleo muestra un avance de la informalidad
No solo aplicaciones
Sin embargo, pese a la creencia generalizada, Invecq puso de relieve que el incremento de esa informalidad "no se reduce a las nuevas modalidades de trabajo por plataformas -que quedarían capturadas en el rubro Transporte y Comunicaciones-, sino que se extiende a sectores tradicionales".
Al detallar la evolución de ese fenómeno, la consultora indicó que "el comercio sumó 210.000 puestos informales mientras los registrados privados en ese rubro apenas crecieron 4.000", en tanto la industria manufacturera "sumó 87.000 trabajadores no registrados al tiempo que perdió 63.000 puestos formales".
"Por lo tanto, parte de los trabajadores que antes operaban dentro del sistema formal pasaron a la informalidad o solo encontraron empleo bajo esa condición", aclaró.
En el caso de la construcción, hubo pérdidas de puestos de trabajo en las dos modalidades (47.000 formales y 96.000 informales), "en una dinámica que refleja la contracción directa de la actividad", tras la caída del 27% en la actividad del sector en 2024, al compás del abandono de la obra pública, que apenas pudo recuperarse en un 5,9% en 2025.
Las proyecciones para 2026
Invecq proyectó para este año un crecimiento en los sectores intensivos en trabajo, pero de magnitud acotada, con mejoras del 1% en industria y comercio y del 5% en construcción, continuándose con la tendencia de un mejor desempeño en las ramas menos demandantes de mano de obra, como el agro, el petróleo y la minería.
"Mantenemos nuestra proyección de tasa de desempleo para el año en 7,5%, es decir, sin crisis, pero tampoco con mejora aun considerando que el PIB crecería por dos años consecutivos por primera vez desde 2011, sin tener en cuenta los períodos pospandémicos",
concluyó.
La demanda de empleo crece en Argentina y tensiona un mercado laboral que no logra generar nuevas oportunidades. Cerca de un tercio de la población económicamente activa busca trabajo o intenta mejorar su situación actual.
El problema se extiende a quienes tienen trabajo pero necesitan otro ingreso. En total, la presión laboral alcanza al 30% y marca uno de los niveles más altos de los últimos años.
Dentro de este universo, 3,7 millones de personas tienen empleo, pero buscan otro puesto o más horas de trabajo, según un informe de IERAL. Se trata de los llamados "ocupados demandantes", un segmento que crece ante la pérdida de poder adquisitivo.
La tasa de actividad se mantiene en 48,6%, lo que indica que no hay una salida masiva del mercado laboral. Sin embargo, la economía no absorbe la demanda existente y profundiza el desequilibrio entre oferta y demanda de empleo.
Este escenario se combina con un aumento de la informalidad, que ya alcanza a casi la mitad de los trabajadores. La falta de empleos formales empuja a muchos a aceptar condiciones precarias, sin aportes ni cobertura social.
La subocupación también refleja la presión creciente: llega al 11,3% y muestra a quienes trabajan menos horas de las que necesitan. Este grupo se suma a la demanda insatisfecha de empleo y refuerza la tensión general del sistema.

A nivel regional, Córdoba encabeza los indicadores más críticos, con una presión laboral del 35,4%. Más de uno de cada tres trabajadores enfrenta dificultades para sostener o mejorar sus ingresos.
El fenómeno impacta con mayor fuerza en los jóvenes de entre 16 y 29 años, donde la desocupación crece más de tres puntos porcentuales en el último año. La inserción laboral en este segmento resulta más inestable y precaria.
Cuáles son los sectores con mayor demanda
En paralelo, el mercado muestra un fuerte desajuste entre lo que buscan las empresas y la oferta disponible. La demanda se concentra en perfiles técnicos y tecnológicos, como desarrolladores, especialistas en inteligencia artificial y analistas de datos.
También se requieren ingenieros y técnicos para sectores productivos clave, mientras que la oferta laboral se concentra en puestos operativos. Esta brecha de talento limita la capacidad de respuesta del sistema.
En este contexto, el monotributo se expande como alternativa ante la falta de empleo formal. Más de 4,7 millones de personas están registradas bajo este régimen, aunque la mayoría se ubica en las categorías más bajas.
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